Cuando las personas pensamos en lo que queremos ser y hacer en el presente y el futuro, cuando nos trazamos esos sueños y metas que guían nuestros esfuerzos cotidianos, solemos hacerlo con base en el diagnóstico de nuestras capacidades, de lo que se nos da mejor hacer, evaluando nuestras actitudes y aptitudes, junto con nuestras preferencias, gustos y sensibilidad.
Armamos una ecuación en la cual las variables fundamentales son las competencias que asumimos que tenemos, nuestra vocación e inclinaciones, y los recursos internos y externos con que contamos. La aplicación de esta fórmula comienza a dar forma a ese artista, ese gerente, ese dueño de negocio, ese jefe de familia, ese líder comunitario, ese inventor, científico, creador que aspiramos ser.
Tan pronto vemos con claridad esa imagen de logro que calza con nosotros, comenzamos a evaluar qué tenemos, con qué contamos para hacerlo, cuáles son nuestras necesidades de formación. La pregunta imperante es ¿qué necesito tener y/o hacer para lograr eso que quiero? Y darle respuesta concreta en acciones es lo que suele determinar nuestro empeño y quehacer.
Y debe ser así, porque, ciertamente, el logro exitoso de nuestras metas depende en buena medida de desarrollar y contar con las competencias necesarias para construir la realidad que queremos. Necesitamos evaluar nuestras capacidades, empeñarnos en adquirir los conocimientos y herramientas necesarias para un óptimo desempeño, tejer la red de alianzas y recursos que darán soporte a nuestro emprendimiento. Requerimos, también, evaluar de manera precisa las oportunidades y retos que ofrece el entorno, pensar estratégicamente con los objetivos de mediano plazo en mente, saber perseverar, contar con la visión y la pasión que den forma a ese sueño.
Sin embargo, hay una pregunta al menos tan importante como la anterior: ¿cómo quiero lograr eso que quiero? Y con la respuesta viene la necesidad de ponderar y revisar una serie de principios y valores que nos representan como personas y que dan color a esa imagen de nosotros que nos empeñamos en labrar.
Además de exitosos en nuestro quehacer, cómo queremos presentarnos ante nosotros mismos y ante los que nos rodean. Queremos, por supuesto, ganar esta carrera personal y profesional en que nos comprometimos, alcanzar nuestras metas, conseguir nuestros objetivos, destacarnos y expresar todas las cualidades con que contamos, dejar huella y estar en el podio al final. Para eso competimos, por ello trabajamos con empeño.
Pero, ¿cómo? ¿Qué clase de carrera queremos hacer? ¿Qué clase de competidor queremos ser? ¿Qué tipo de huellas queremos dejar tras nuestro paso? ¿Cómo queremos ser recordados al final del camino, cómo queremos ser vistos mientras lo recorremos? Esas respuestas están en la esencia del ser humano que somos.
Competir es una suma de competencias y valores si queremos construir realidades sustentables, de largo aliento, heredables por quienes vengan detrás de nosotros y susceptibles de crecer. Ser los mejores implica ‘hacerlo’ mejor, y también ‘ser’ mejor. Implica también ser empresarios, activistas, trabajadores, artistas, inventores, líderes, compañeros, gerentes, ciudadanos que a la altura de nuestros ideales y del ideal mayor de la comunidad, del país, del planeta al que pertenecemos.
Por eso, adicionalmente a grandes dosis de perseverancia, planificación, aprendizaje, articulación, visión, cooperación, competitividad, innovación, creatividad; necesitamos incluir en la receta integridad, honestidad, sensibilidad, responsabilidad, ética y demás valores que estén en nuestro acervo.
De esta manera, nuestro trabajo personal tendrá un impacto más cierto en otros que observen nuestro quehacer. Así, el empeño que ponemos en construir exitosamente ese futuro que a pleno derecho soñamos para nosotros, se constituirá en un beneficio colectivo, al inspirar y modelar las mejores prácticas en quienes nos rodean. Esto nos permitirá legar, más allá de los resultados concretos, la ganancia intangible pero clara de unos valores que forman parte esencial de la fórmula del éxito de alguien que asumió el reto de construir lo que soñó y lo hizo siendo la mejor persona posible.